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Cinco Errores que Cometen los Nuevos Investigadores de Genealogía


Les hablo como alguien que ya pasó por esto. Yo también fui una investigadora principiante y me emocioné muchísimo cuando descubrí la genealogía. Pero esa emoción me costó alrededor de seis meses de trabajo en mi árbol familiar.


Cuando finalmente me di cuenta de que muchas cosas simplemente no tenían sentido, decidí detenerme y buscar qué recomendaban las genealogistas y los genealogistas profesionales. Mientras más leía, más claro se hacía que me había dejado llevar por la emoción y que necesitaba volver al principio.


Y eso fue exactamente lo que hice.


No fue bonito. Digamos que terminé borrando mi árbol completo y comenzando desde cero. ¿Tiene que ser tan drástico? No necesariamente. Pero yo soy de las personas que creen que a veces es más fácil empezar de nuevo que tratar de arreglar algo que tiene demasiados errores. Lo hice y nunca me he arrepentido de haberlo hecho.


Los siguientes errores son algunos que yo misma cometí y que también he visto mencionar una y otra vez por colegas genealogistas.


1. Confiar Solamente en la Transcripción de un Documento

Uno de los errores más comunes es confiar únicamente en la información transcrita que aparece en las bases de datos genealógicas.


Hoy en día muchas transcripciones son realizadas por inteligencia artificial y otras por voluntarios. Ambas son herramientas excelentes, pero los errores ocurren. Nombres mal interpretados, fechas incorrectas o información que simplemente se omitió.


Por eso, siempre que la imagen original del documento esté disponible, ábrala y léala usted mismo.


Más de una vez he encontrado detalles importantes que no aparecían en la transcripción o he descubierto errores que pudieron haberme llevado por el camino equivocado.


La transcripción es una ayuda. El documento original es la evidencia.


2. Usar los Árboles de Otras Personas Como Fuente Principal

Los árboles genealógicos de otras personas pueden ser muy útiles, pero deben verse como pistas, no como pruebas.


Lamentablemente, existen muchísimos árboles con información incorrecta. Y cuando alguien copia un error, otras personas lo copian también, hasta que termina apareciendo en decenas de árboles.


Utilice esos árboles para obtener ideas sobre dónde buscar, pero nunca copie la información sin verificarla primero.


Lea los documentos, siga su propio rastro documental y llegue a sus propias conclusiones.


Recuerde: un árbol sin documentos que lo respalden sigue siendo solamente la opinión de alguien.


3. Ignorar las Historias de Familia

Muchas personas descartan las historias familiares porque piensan que son cuentos o exageraciones.


Sin embargo, todavía no he encontrado una historia familiar que no me haya servido de pista para encontrar información sobre un antepasado.


¿Es posible que la fecha esté equivocada? Sí.


¿Es posible que la historia se haya atribuido al familiar incorrecto? También.

Pero casi siempre hay algo de verdad escondido en ella.


Por eso, escriba esas historias. Guárdelas. Pregunte detalles. Hable con los familiares mayores.


Con el tiempo se dará cuenta de que muchas de esas historias terminan guiándolo hacia documentos, lugares o familiares que nunca habría considerado investigar.


Las historias familiares son muchas veces las miguitas de pan que nos llevan al próximo descubrimiento.


4. Enfocarse Solamente en los Antepasados Directos

Muchos principiantes investigan únicamente a sus padres, abuelos y bisabuelos.

Pero la genealogía rara vez funciona de esa manera.


Especialmente en la genealogía hispana, donde muchos registros incluyen información sobre abuelos, padrinos, tíos, primos y otros familiares. En algunos casos los abuelos aparecen como informantes en registros de nacimiento, matrimonio o defunción de sus nietos.


Por eso es importante investigar a toda la familia.


Los hermanos, hijos, nietos, tíos y primos pueden contener las respuestas que usted está buscando. En ocasiones la evidencia que necesita no aparece en el registro de su antepasado directo, sino en el de un hermano o un hijo.


Mientras más conozca a toda la familia, más sólida será su investigación.


5. No Investigar la Historia

La genealogía y la historia van de la mano.


Conocer el contexto histórico ayuda a entender por qué nuestros antepasados se mudaron, dónde podrían encontrarse ciertos documentos y cómo los eventos históricos afectaron sus vidas.


Además, la investigación histórica puede abrir nuevas puertas cuando buscamos nuestros ancestros indígenas taínos, africanos o de otras poblaciones que tradicionalmente han sido más difíciles de documentar.


La historia nos ayuda a entender el mundo en el que vivieron nuestros antepasados.

Porque la genealogía no se trata solamente de nombres y fechas. Se trata de personas reales que vivieron experiencias reales.


Reflexión Final

Todas las genealogistas cometemos errores. Yo ciertamente los he cometido.

La diferencia está en reconocerlos, corregirlos y seguir aprendiendo.


Si hay algo que me hubiera gustado entender desde el principio es esto: vaya despacio.

Lea cada documento con calma. Verifique cada dato. No dé nada por sentado.


Su yo del futuro —y su árbol familiar— se lo van a agradecer.


 
 
 

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